Constantemente estamos alertando que el buen estado de los neumáticos es fundamental para la seguridad. La mayoría de las causas de los accidentes se deben a distracciones, excesos de velocidad, o imprudencias de los conductores, y en menor medida, aunque en un porcentaje significativo, el mal estado de los componentes de la moto, incluido los neumáticos. Ante una de estas causas, ¿se actúa de manera eficaz para evitar el accidente? ¿en qué medida el estado del neumático puede evitar o provocar un accidente?

Practicar maniobras de emergencia sobre la moto y realizar cursos para incrementar las habilidades, mediante técnicas de conducción y seguridad, son esenciales para que en el caso de llegar a estos momentos críticos, actuar sin vacilaciones y minimizar el riesgo. Hemos repetido infinidad de veces que el neumático es el nexo entre la moto y el asfalto, por tanto, hay que mimar y prestar la máxima atención a su calidad, estado y mantenimiento.

Vamos a suponer que las habilidades del conductor son altas, es experimentado, y tiene conciencia del entorno donde se mueve, pero por alguna razón, ha descuidado la revisión de las presiones o el estado de los neumáticos. La ineficacia de los neumáticos ante maniobras al límite pasa por, falta o exceso de presión, deformación del compuesto o carcasa, desgaste excesivo, o falta de la temperatura de máximo agarre. Cualquiera de estas causas, en caso de exigencia, puede derivar a una respuesta insuficiente en, distancia de frenada, capacidad de giro, adherencia y estabilidad.

Llevar ABS en la moto aumenta la seguridad general, pero también la duración y deformación homogénea de los neumáticos. Una frenada excesiva sin ABS puede provocar un plano sobre la superficie del neumático. Este plano va a traer malas consecuencias. Si hay que volver a frenar en caso de emergencia con contundencia, además de alterar la estabilidad y aumentar la vibración, bloqueará de nuevo sobre la misma área de superficie y prematuramente. Por tanto, padeceremos una pérdida de control anticipada y sin capacidad de dirección.

Llevar el neumático delantero a baja presión puede comportar, en caso de tener que esquivar un obstáculo, lentitud en la maniobra, ya que la superficie sobre el asfalto será mayor de lo establecido y con más fricción. En el caso del trasero, movimientos laterales en oscilación. Si hay que frenar con fuerza, esta sensación de no tener dirección se incrementará sustancialmente, ya que aumentaréis la superficie de contacto en un porcentaje mucho más alto, y por tanto con menos dirección todavía.

El exceso de presión es otro motivo de riesgo en caso de tener que poner en práctica vuestra capacidad de reacción. La pérdida de adherencia tanto en frenadas fuertes como en aceleraciones quedará claramente comprometida, ya que se espera del neumático que se deforme lo justo para incrementar la superficie de apoyo. Si está demasiado hinchado nunca llegará a tener el área suficiente para apoyar lo necesario y por tanto parar la moto en el punto necesario y esperado.

Llevar un neumático con el dibujo gastado, además de cambiar la forma original, y por tanto disminuir la capacidad de cambios de dirección y apoyo correctos, provocará altas pérdidas de adherencia tanto en giro como en frenadas. Si además, el piso se encuentra mojado o con agua, al mínimo movimiento en falso, la pérdida de control de la moto será total, ya que será incapaz de expulsar el agua necesaria por las ranuras diseñada para ello. Cuando un neumático pierde el dibujo, se produce una deformación en su circunferencia transversal, por tanto, pasar del centro a un lado o al otro será torpe y escalado, y en caso de frenada de emergencia, la moto tenderá a mantenerse recta, sin capacidad de poder moverla a un lado u a otro, en el caso de esquivar un obstáculo.

Queda claro que el buen estado del neumático es primordial y juega un papel elemental para poder salir airoso ante situaciones límite. Es fácil mantener al neumático en buen estado, solo hay que tener la prudencia de chequear su estado y presiones periódicamente, y más ahora que empieza la temporada de hacer viajes, salidas y vacaciones. No cuesta nada acercarse al taller o gasolinera más cercana, cerciorarse de que el manómetro está regulado correctamente (podéis llevar uno de bolsillo para comprobarlo y comparar), corregir la presión, dar un vistazo a los testigos interiores del dibujo y una ojeada a la deformación del perímetro. El resto también depende de vosotros, pero eso ya es otra historia.

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